Soy el ángel y el demonio. Soy el acto en potencia. Soy la constante posibilidad de ser. Soy el continuo intento de belleza, por la belleza consumido. Pero no me consume la belleza en si, sino la constatación de la posibilidad de mi acceso a la misma y mi incapacidad para alcanzarla. ¿Aspirar a la belleza no es acaso el verdadero fin del ser? Todos somos angélicos y demoníacos. La constante batalla entrambas naturalezas es la vida. Escucho la Verdad mientras ejecuto el vicio a través del humo. Chopin generó belleza mediante las pulsaciones de unas teclas. ¿Acaso él no era demonio también?
Afortunado soy de poder teclear y divagar a través de los lúgubres espacios de mi alma encadenada. Siento el dolor del peso de mi incapacidad, aunque me esfuerzo por tratar de recorrer las oscuras galerías de mi interior. Siento que están anegadas de una viscosa substancia, cuya densidad la hace prácticamente insondable. ¿Por qué no limpiar un poco y tratar de hacer más agradable el paseo? Mis músculos entumecidos dificultan el avance, y el tránsito por la substancia resulta una experiencia horrible, atenazadora, es difícil poner palabras a experienfia similar. Pero poco a poco, de forma muy paulatina, la densidad que me atrapa se va diluyendo. Muy lentamente, despacio. El paseo como limpieza, como entrenamiento y única forma de licuar toda esa ansiedad, generadora de densidades.
Todo está ahí. Hay viejos cuadros de pintores que no conozco. Toco una estatua. El óxido la corroe. Su tacto es áspero y daña las yemas de mis dedos. Apenas si llega la luz a estos pasillos tenebrosos. ¿Dónde están las antorchas? Puedo usar las maderas de algún marco desvencijado para producir un fuego. ¿Y la llama para encenderlo? ¡Que brote, malditos!¡Que brote el fuego de mi! ¿Acaso no tengo derecho a la Verdad?¿Acaso no soy bello como vosotros? No sois más que vestigios de un ser que se concibe a si mismo como carente de fuerza y voluntad. ¿Acaso soy el único que siente esta tremenda soledad? La soledad enseña, dicen cada vez más personas. ¿No es eso síntoma de que caemos aceleradamente por el pozo de la individualización enfermiza? En una sociedad tan hostil, los más fuertes son los que menos daños sufren. ¿Acaso fue el mundo diferente alguna vez?¿Son todo justificaciones para seguir habitando la debilidad? Recorro mis lúgubres galerías...
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