viernes, 13 de abril de 2018

El soñador

Eva paseaba una mañana por un bonito parque cercano a su casa, la Quinta de los Molinos. Le gustaba sentir el frescor único de una vegetación abundante, sin tener que irse fuera de la ciudad. Mientras recorría los diversos caminos, sin darse ella apenas cuenta, su mente y su cuerpo se iban relajando, a medida que inspiraba y espiraba profundamente el aire, hasta llegar a un estado de sosiego total.

De pronto, en uno de los bancos que se encontraban distribuidos a lo largo de determinadas veredas, se percató de una libreta abierta, con sus páginas dejándose mecer por el viento. Una curiosidad enorme invadió casi por completo su anterior y ya algo más consciente sesación de paz. ¿Qué contendría? ¿Quién sería el propietario?. Se hacía estas preguntas mientras se sentaba en el banco y comenzaba a pasar las páginas delicadamente, hasta llegar a la hoja inicial. "Sueños", era la palabra escrita en el centro de la primera página. La pasó con gran curiosidad y encontró el primer sueño anotado, que paso a relatar.

Veinte de diciembre de 2017. Me encuentro en el parque del Capricho. Estoy en una barca ligera , acompañado de una mujer sumamente elegante y sutil en sus ademanes, lo cual denota una sensibilidad especial. Vamos vestidos a la moda de mediados del siglo XIX. Yo remo con extrema suavidad, tratando, sin darme cuenta, de que la travesía por el lago no acabe nunca. Nuestras miradas se han cruzado con cierta frecuencia, haciéndonos esbozar leves y cómplices sonrisas. Al pasar a la vera de una casa construida con cañas salvo en sus tejados, nuestras miradas vuelven a cruzarse y, como llevados por un desconocido exotismo en parte generado por el enclave en parte por la fuerza de nuestras pasiones, no desviamos la mirada el uno del otro. Las mejillas de ella comienzan a enrojecer, y yo tomo la determinación de, quitándome mi sombrero de copa con extrema delicadeza, acercarme suavemente a ella, hasta que nuestros labios se encuentran en un beso que paraliza el tiempo. Fin del sueño. Seguía una anotación que el autor hacía después y daba información adicional. Paso a leerla también. Anotación adicional: las sensaciones que han recorrido mi psique y mi cuerpo han sido tan intensas y placenteras, que me han llevado a un despertar totalmente plácido, con una sonrisa de completa felicidad.

Cerró repentinamente la libreta y la abrazó contra su pecho. Estaba totalmente ruborizada y se quedó un buen rato así, sin mirar a ningún sitio en concreto. Unas sensaciones intensísimas la habían recorrido durante la lectura del sueño.

De pronto salió de su ensimismamiento y se dio cuenta de su situación en el banco, con la libreta abrazada. Miró rápidamente en todas direcciones para comprobar si alguien podía haberla visto -Y si es así,¿qué más da?-. Se dijo. - Supongo que esto debe haberlo escrito un hombre, y que debe ser una persona de gran sensibilidad. En ese momento sintió un deseo enorme de conocer al autor de esas líneas, aunque, a decir verdad ya había comenzado a sentir ese deseo a medida que se acercaba al final de su lectura.

No había ningún nombre en la libreta que pudiese identificar al propietario. Decidió seguir leyendo, además de por la pasión que le había causado el primer sueño, para ver si encontraba alguna referencia al supuesto autor.

Veintiuno de diciembre de 2017. Me encuentro paseando por un parque enorme y desconocido. Estoy en la época actual, ya que voy vestido con mi ropa habitual. Miro al horizonte y veo parque y más parque. Se me antoja infinito. De repente, acude a mi mente lo que vengo a hacer a dicho lugar. Comienzo a recorrer frenéticamente los caminos que me va sugiriendo la más absoluta aleatoriedad. El hecho de no haber estado nunca ahí, por un extraño momento, me hace tener la sensación de que quizás esté soñando y que, tanto el lugar como mi objetivo, son creaciones de mi mundo onírico. No se como lo consigo, pero decido mantenerme en el sueño y dejar que esa pequeña parte de mi consciencia que se ha percatado de la posibilidad de estar soñando, se vaya desactivando sutilmente, sin prestarle atención, hasta que finalmente desaparece.

Me encuentro ya, de nuevo, totalmente imbuido en el sueño. Recuerdo rápidamente el objetivo que tengo, pero no se como llegar a cumplirlo. Se trata de encontrar a una persona, aunque no se quien es. Trato de recordar de quién puede tratarse y empiezan a acudir a mi mente ligeros esbozos de imágenes. Poco a poco, consigo ver mis pensamientos con mayor nitidez, y esto es lo que observo: me hayo remando en un lago, vestido de frac y acompañado de una mujer que a mis ojos resulta la más bella del mundo. Va vestida también al estilo del XIX. Ambos cruzamos nuestras miradas y nos sonreímos, hasta que llega un beso. ¡Es ella!¡Si! Es la persona que he venido a buscar. No puedo evitar acelerar mi marcha y seguir recorriendo los caminos en busca de mi amada, sintiendo que dispongo de una energía enorme. Escudriño, disimuladamente, el rostro de cada mujer que veo, buscando la imagen que ya tengo totalmente clara en mi mente. A medida que el tiempo pasa, aumenta mi preocupación, y por momentos pienso que nunca la encontraré. Pero, de pronto¡allí está!¡Es ella, no había duda! La hubiese reconocido llevase el atuendo que llevase. Mi corazon se desboca. Ella camina observando los árboles y aún no se ha percatado de mi presencia. Comienzo a correr gritando un nombre que no recuerdo. Su mirada se dirige al origen del ruido. En cuanto me identifica, una enorme sonrisa acude a sus labios. Comienza a correr también a mi encuentro. Nos fundimos en un abrazo, nos miramos, nos besamos, y volvemos a abrazarnos. Y seguimos así, mientras comprobamos como van pasando las estaciones del año. Es fascinante, es sublime. Nosotros nos encontramos allí, totalmente unidos, mientras vemos como las verdes hojas comienzan a amarillear para finalmente caer. La temperatura cae abruptamente y los árboles están ya desnudos. Ambos contemplamos, totalmente maravillados, el prodigioso evento. Sentimos frío y nos abrazamos fuertemente: la sensación de calidez resulta total. Los días siguen sucediéndose, cada vez a más velocidad, con sus días y sus noches. La primavera comienza a despuntar. Numerosos frutales comienzan a florecer. Ambos volvemos a quedarnos maravillados ante tan magnífico espectáculo y comenzamos a reir profundamente. El amor que siento en aquellos momentos es inconmensurable y puro. Fin del sueño.

Paso a poner la anotación adicional: no se durante cuanto tiempo onírico ha continuado el sueño. Al despertar me siento como si hubiesen pasado años. Anotaré un último recuerdo que acaba de venirme a la mente: en un momento dado, mientras estábamos abrazados, ella se echó hacia atrás para poder mirarme a los ojos. La ternura y el amor de aquella forma de mirar erizaron todos los vellos de mi cuerpo, era algo indescriptible. Sacó de su bolsillo una libreta y la abrió por la primera página, sin dejar de tenerme en sus ojos. En el centro de la misma se podía leer: "Sueños".

Luna de Sangre

Ciento cincuento años, y tu, treinta y uno. Cuantas cosas no han pasado desde que naciste, y ahora, bajo esta luna sanguinolenta, van a ir derramándose, suavemente, como la sangre que brota de la vena abierta.

La presión constante del "deber hacer", el vivir sobreprotegido en una realidad artificial e ilusoria, la ansiedad crónica que ha evitado guardar recuerdos en mi memoria.

Todas las presiones, todas las ansiedades, todos los miedos han construido el ser que hoy te observa, luna enorme, luna hiperbórea.

El miedo a la muerte se ha tornado, a través de alguna alquimia extraña y recóndita del alma, en miedo a la vida. La muerte como una infinita nada. La vida, como una nada finita.

Luna de Sangre, dame de beber de la sangre de la vida...Dame, Luna, dame.

Haz que me vea reflejado en los demás, hechicera.

Haz que mi alma sane.

Que mi alma se ponga ante el espejo de la Verdad, y se vea como tal, toda llena de jirones,manchada y dolorosa.

Que se vea como es, para ver si sabe a donde quiere ir, si es que aún tiene fuerza...¡Dame Luna en esta noche tu aliento rojo y vivo!

Que se vea mi alma tal y como es, y que se coloque frente a la Verdad hasta que se vea. Y que si no tiene fuerza. ¡dásela tu, luna lunera!

Ciento cincuenta años sin verte y confío en ti como si te conociera. Mas ya te vas, y mi alma queda abierta. Sólo te necesitaba como excusa para que mi alma se viera.

Y ahora que te veo, jirones hecha, me pregunto yo con que hilo rendiré de ti alguna cuenta.