domingo, 27 de abril de 2025

¿Tucídides?

¿Qué les parece que siga el delirio de la guerra en Ucrania? Veo shorts, reels, videos de TikTok de soldados en el frente, tumbados, descansando, sobre los que dejan caer granadas desde drones. Estos, impasibles, las cogen y las arrojan lejos de sí. Después de la explosión, continúan su descanso. Al ver sus rostros, se puede constatar la destrucción del ser. No he podido evitar evocar, al ver sus expresiones y salvando totalmente las distancias, ciertas miradas que veo, pululando, por nuestras ciudades, cuando nos dirigimos de camino al trabajo; aunque sé que esto puede parecer una ideación fantasiosa, me parece sin embargo una idea que puede ayudarnos a pensar sobre las coordenadas existenciales que “nos hemos dado”. Obviamente nada tiene que ver una forma de mirar con otra, ni mucho menos la naturaleza de la situación que la produce. En el metro uno no suele encontrarse con gente que tenga la llamada “mirada de las mil yardas”. Además no es esta especulación gratuita lo que me ha movido a escribir(no sean tan duros conmigo antes si quiera de comenzar), sino algo bastante más serio, sobre lo que también especularé, pero con algo más de rigor(o al menos este será el intento).

Nos escucho hablar a todos de esta guerra. Disponiendo de vidas ajenas en pos de unas ideas que decimos, conforman el llamado Occidente(siendo lo que esto sea): el orden liberal, la economía social de mercado, la libertad…¡un orden internacional basado en reglas!

Disponer de la vida ajena, porque son los invadidos, porque han de evitar ser conquistados por la satrapía rusa…¡Porque son ellos las víctimas, maldita sea! ¿Es qué acaso hay que explicar lo evidente? Y sin embargo, estamos disponiendo de vidas ajenas, al fin. 
“En EEUU hubo elecciones durante la Segunda Guerra Mundial porque no les cayó ni una bomba(más allá de Pearl Harbor), ¿cómo va a haberlas en Ucrania?”. Este es un argumento que se esgrime con bastante convicción, sólo posible, quizá, en base a una creencia, a una fe: “nosotros, los demócratas, no envenamos opositores”. Desde luego Salvador Allende no fue envenenado. Tsipras, Varoufakis y con ellos, el pueblo griego, tampoco fueron conminados a beber cicuta. Simplemente fueron demócratas. Y bueno, hoy Grecia está como está. Desde Bruselas dispusieron de su democracia. “Que se creen esos griegos”, pensarían en las covachuelas de la UE, “¿que por el hecho de que allí se crease la democracia, van a tener la osadía de arrogarse el derecho de decirnos, no sólo lo que es, sino además, ¡de ejercerla!
Vanidad de vanidades… Hágase la Democracia, ¡que hable Europa, que hablen las mayorías! Sea Grecia subyugada”

En Ucrania no tiene sentido hacer unas elecciones hoy, decíamos. No tiene sentido porque el país es el escenario de la guerra. Y sin embargo, la mayor parte del país sigue una actividad “normal”, salvo en la línea del frente, extensísima, pero que ni mucho menos es la gran parte del territorio. ¿No tienen derecho a elegir si quieren seguir muriendo? ¿El no rotundo que saldría de dichos comicios no sería legítimo en base a nuestra gran idea de democracia? ¿No sería justo para ellos poder elegir, porque lo que está en juego es su propia libertad? ¿Qué justicia hay en continuar una guerra que ninguno de los dos bandos tiene la posibilidad de ganar? Pero a la vez ninguno de los dos puede permitirse el existencial dilema de perder. ¿Aprendimos algo de la Guerra Fría? 

¿Valen las ideas de libertad, de persona (en su sentido grecocristiano), de Occidente, en suma, la vida de millones? Curiosas ideas de persona y de libertad aquellas que no contemplan la posibilidad de que las personas se pregunten si quieren morir y por qué quieren hacerlo. “No pueden elegir bajo esas circunstancias, ¡están muriendo, cómo van a elegir libremente!” El corolario de esta reflexión es que no son personas, en base a la lógica de nuestras propias ideas, ya expuestas. Putin las está suspendiendo de su "esencia occidental” y, por tanto, nosotros hemos de ejercer la democracia por ellos. Las decisiones tomadas bajo coacción, tortura y en última instancia, amenaza de muerte, no son democráticamente legítimas. Han de morir millones para salvar Occidente. Si realmente creyéramos en que esta es una batalla por la libertad, iríamos a morir por ella. Y si de verdad creemos que lo es pero mandamos a morir a otros, disponiendo de sus vidas, esgrimir las ideas griegas de la persona, del héroe, de la libertad…¡No son es que una impostura! Rasgarse las vestiduras porque el oso ruso quiere arrebatarnos nuestra libertad…¡Y mandar a otros a ser aniquilados por ella! ¿Cabe mayor farsa, mayor cinismo?

Dispongamos de la vida ajena, sí, en esta guerra. El resto de guerras obviense. Por ello, quiero tener una cita con Israel. El resto de guerras obviense, decía, o peor, justifíquense aduciendo el derecho a la legítima defensa, a que “empezó el otro”. Quiero citarme con Israel, con los amigos de Saúd, con el Sahel, el Magreb y con tantos otros...pero vuelve Ucrania. Claro, como empezó el otro: que mueran todos, si es que la libertad lo demanda. A los que queden con vida, que se les extirpe de la identidad que da la tierra. Háganse resorts de lujo y smart cities, háganse parques temáticos y malls industriales donde podamos seguir alienándonos de ideas como la destrucción mutua asegurada. ¿No es esto acaso lo que Rusia quiere hacer con el pueblo Ucraniano? Parece palmaria la contradicción en la que acabo de incurrir. ¿No tienen acaso derecho a entregar la vida por la libertad? ¿Vamos a privarles nosotros del derecho a ser verdaderamente libres? Interesante idea, y muy crística, por qué no decirlo, aquella que cifra la libertad en la muerte(en la de otros, por qué no decirlo también). Este Occidente nuestro, tan sublime, tan prolífico en sus ideas, en sus pensadores, en su experiencia de la Historia, ¿no tiene otra propuesta que no sea la muerte? ¿no dispone de otros argumentos algo más elaborados que los que igualan a la Rusia de Putin con la Persia de Darío? ¿Toda nuestra tradición intelectual no es capaz de encontrar otras salidas a lo que Graham T. Allison dio en llamar trampa de Tucídides?

Acúsenme de pro ruso, de hijo de Putin si gustan. Redúzcanme a lo que más cómodos les haga sentir. Pero permítanme el occidental lujo de pensar contra ustedes; así como de no eludir el deber que todo derecho comporta(o al menos eso nos gusta decir en Occidente), a saber: que pensar es, también, pensar contra uno.